Sobre la Filosofía de la Educación

octubre 13, 2025

Sobre la Filosofía de la Educación

Ella nos permite orientar el sentido y los valores del acto educativo. Aporta humanidad, pues es constitutivo del ser preguntarse el porqué de las cosas. Del mismo modo, aporta crítica y ética. Sin ello, la educación sería un simple traspaso de técnicas vacías, y no una transmisión de conocimiento interpretado e inteligible. Así también, en su ausencia, sería muy probable la formación de individuos pasivos, incapaces de reflexionar propiamente. No tendrían opinión, y por lo tanto, sería imposible que alguna vez transformasen su realidad.

Y es a propósito de esto que Sócrates enseñó que educar es despertar la conciencia mediante la pregunta. Su método mayéutico, que siempre incluye un locutor y un interlocutor para generar diálogo, muestra que el verdadero conocimiento surge desde el cuestionamiento y la autocrítica, siendo estos actos profundas manifestaciones de liberación intelectual.


Según Savater, la educación en sus primeras etapas es tiránica, dado que se impone de una forma inevitable.


Al nacer, el ser humano se encuentra con un orden social, moral y un mundo de normas actualizadas ya establecido. Y al ser iniciado el proceso educativo a temprana edad, el niño no es libre, porque no posee la madurez necesaria para decidir qué aprender de este orden, de qué modo, y si quiere o no hacerlo. Ahí se genera una paradoja interesante. Describe que el educador, entonces, debe imponer normas y conocimientos que el joven alumno ni siquiera será capaz de comprender en ese momento, pero que son vitales para su desarrollo futuro, pues la repetición de esta serie de imposiciones tempranas se interioriza silenciosamente y se manifiesta después en hábitos, métodos e incluso creencias.


Además, Savater es categórico en que sólo a través de esta dirección inicial, aunque esté impuesta, la persona podrá ejercer su libertad con criterio y responsabilidad.



Se afirma que educamos a personas, y no individuos, porque buscamos formar seres humanos íntegros, éticos, con juicio crítico y capaces de relacionarse con otros. Porque educarse también consiste en aprender a "ser parte".


Esto se ve abordado claramente en La Política de Aristóteles, cuando, en su inicio, explica que el hombre es un animal político, pues en la polis es el único lugar en donde puede cultivar y actualizar sus virtudes de hecho.


La socialización se puede considerar, entonces, como uno de los fines de la educación. Aquí radica la distinción conceptual, pues el individuo no considera el panorama completo, es decir, su dimensión ética y social. El individuo existe, mientras que la persona se construye en educación.


Cuando no se reconoce esta distinción y se confunde, dentro del estudiante adviene el peligro de la indiferencia y el conformismo, por lo tanto, la educación se encasilla y se limita.


Formar a la persona de manera real es posible mediante la paciencia, la empatía, la diversidad de metodologías dialécticas y la ética. Sin embargo, la contemporánea urgencia por los resultados inmediatos y el breve período de atención sensible e intelectual que deriva de ella, pueden suponer grandes obstáculos a la hora de educar. No obstante, la constancia, el compromiso y el ejemplo brindado por el educador pueden traspasar esta barrera y favorecer un desarrollo integral auténtico.


Mariana N. Jorquera

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