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Pluma Dulce

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    En el ejercicio de la escritura, el escritor experimenta un estado de flujo. Y este estado es innato al artista, y deviene de su inspiración. En él se comprometen las emociones, y se pueden sentir con tal intensidad para encontrar las palabras correctas que comienza a difuminarse la línea entre lo imaginario y la realidad.

    En una novela de terror, por ejemplo, las descripciones deben asustar lo suficiciente al escritor para que así, y solo así, el lector se asuste también. Si hay momentos en la trama que son tediosos de escribir, lo serán también de leer. Al primero que la historia debe convencer es a su creador.

    Dada la obra de Gustave Flaubert, y a propósito de la inspiración, es que abordaré las tres aristas más importantes de este fenómeno de percepción llamado bovarismo, que contempla el deseo de vivir, en carne y hueso, una ilusión.


    i. La percepción deformada del yo

    El bovarismo comienza con una falla en la autopercepción. Emma Bovary no se reconoce a sí misma como una mujer de provincia, hija de un granjero acomodado y casada con un médico mediocre, sino como alguien destinada a una existencia emocionante y excepcional. Entonces, su identidad imaginaria no se condice con su identidad real. 

    Vive insatisfecha con aquello que se le presenta en su vida cotidiana y se desilusiona constantemente. El estilo de la obra, en este caso, al ser tan realista, siempre destaca la banalidad e imperfección de la vida de Emma, y la incapacidad de ella para enfrentarla. Esta disonancia entre el yo ideal y el yo posible genera una emoción miserable. Sus lecturas juveniles en el convento –novelas sentimentales, historias de caballeros- modelan un retrato de sí misma como protagonista de experiencias elevadas y pasionales.

    La realidad nunca alcanza el estándar que impuso Emma. No porque su vida sea gris, sino que la identidad que ella imagina es tan superior a sus circunstancias, que cualquier intento de mejora se vuelve penoso e insuficiente.

    Así, el bovarismo comienza funcionando como un prisma deformante. Emma mira su vida a través de un ideal literario que no puede habitar, y su personalidad se fractura entre lo que ella sueña ser y lo que es.


    ii. El reemplazo práctico de la realidad por la fantasía

    La segunda arista corresponde al instante en que la ilusión deja de ser un refugio mental para transformarse en una vívida experiencia, y guía de conducta. Surgida y fomentada por la dirección de sus acciones y su atención.

    Emma no solamente sueña con otra vida, sino que cree y actúa como si esa vida ya le perteneciera. Este desplazamiento del deseo hacia el actuar es el núcleo peligroso del bovarismo.

    Esto se atisba en tres conductas a lo largo de la historia:

        a) El amor romántico

    Cada vez que Emma inicia un romance, ya sea primero con Rodolphe y luego con León, no busca validación ni consuelo, sino la experiencia estética del amor. Busca vivir lo que alguna vez leyó sobre emociones intensas y lenguaje exaltado. Es decir, busca vivir realmente ficciones.

    Así, ella no los ama como personas, sino que como vehículos que utiliza para interpretar un rol romántico que siempre está moldeando y cambiando.

        b) El consumo como ideal

    Emma se endeuda comprando vestidos, muebles, flores y joyería, no por vanidad superficial, sino que porque cada objeto representa un paso más hacia la vida aristocrática que ella aspira a llevar. “Pero un infinito de pasiones puede concentrarse en un minuto, como una muchedumbre en un pequeño espacio. Emma vivía totalmente absorbida por las suyas y no se preocupaba del dinero más que una archiduquesa” (Flaubert, G. 1856, p. 167).

    El espacio doméstico debe convertirse en escenografía. Y la deuda, en una promesa con el destino.

        c) La huida del presente

    Cada vez que la realidad amenaza con imponerse, como por ejemplo con la maternidad y sus deudas, Emma se desplaza hacia otra fantasía. Incluso se desplaza definitivamente del plano de la realidad al final. Es un movimiento pendular: de la realidad a la ficción, de la desilusión a la ilusión, del aburrimiento al éxtasis.

    La realidad no la aqueja, sino que le estorba. Es una enorme roca en su camino hacia la identidad estética que la reclama a ella una y otra vez. “Emma no dormía, parecía estar dormida; y mientras que él se amodorraba a su lado, ella se despertaba con otros sueños” (Flaubert, G. 1856, p. 115).


    iii. La búsqueda de trascendencia

    La tercera arista goza de ser más sutil y profunda. Esto, dado que Emma no desea vivir experiencias románticas o lujosas porque sí, sino que está buscando trascender de ese modo. Elevarse por sobre la masa burguesa que critica y desprecia. Busca que toda su vida tenga un sello protagónico y un brillo especial.

    El bovarismo, en este sentido, se vuelve una forma de auto-narración, un intento de escribir su propia épica desde adentro. Emma no se conforma con vivir, ella desea vivir como un personaje que luego pueda ser leído, o recordado, e inspire a alguien tanto como ella, a lo largo de su vida, se inspiró. 

    Distingo que esta búsqueda de trascendencia se expresa en tres características claves de Emma:

    a) Su sensibilidad estética exacerbada: Ve el lujo, la pasión, el arte y la liberación emocional como caminos para elevar de una vez por todas su existencia. Todo aquello que no conduzca a una forma de belleza le parece insuficiente.

    b) El rechazo a la mediocridad: Emma no soporta la vida burguesa porque la percibe justo al medio. Insignificante y por cierto insuficiente. Su deseo de trascendencia pasa por su desprecio a la normalidad. Así Charles, con su torpe bondad y carácter voluble, le resulta insoportable.

    c) La muerte como escape: El suicidio de Emma es consecuente, y puede leerse como el colapso absoluto de sus ficciones, pero también como el último de sus intentos por controlar el relato de su vida. Cuando ya no pudo sostener la ilusión de ninguna manera en el mundo real, decide destruirla desde dentro. Y de este modo la muerte, paradójicamente, se transforma en el gesto final de coherencia estética en un desenlace trágico, digno de las heroínas románticas que admiró.

    Si no podía vivir estéticamente, no viviría para nada. Su conclusión es injusta para Charles y su hija, pero acorde a todo el desarrollo del personaje.



    Aquellas tres aristas del bovarismo constituyen sus fundamentos dentro de esta estructura psicológica estudiada, y lo que vuelve a Emma todo el tiempo prisionera de su propia mente.

    El bovarismo no solo revela la tragedia íntima de Emma, sino que expone una insatisfacción social permanente dado el aspiracionismo de aquella época, en el siglo XIX. La comparación constante, el consumo simbólico y la búsqueda incesante de experiencias excepcionales se convirtió en una tónica de clases que continúa en auge hasta hoy.

    Así, el malestar de Emma deja de ser un caso aislado y ficticio, y se transforma en un espejo de la realidad, desdibujando su límite.

    En definitiva, Flaubert no construye a Madame Bovary desde el juicio, sino que la observa con precisión quirúrgica durante la época moderna. Y revela cómo la imaginación, si se descontrola y desconecta, se convierte en una fuerza capaz de acabar con todo a su paso.


    Mariana N. Jorquera

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    Me obligo, transpiro.

    Me ahogo.

    No siento, me miro

    en el reflejo

    distorsionado y es mi castigo.

    Oscura es la puerta,

    violenta mi espíritu

    que se cierra y aplasta.

    Me aprieta la mente,

    el cuerpo,

    el alma.


    Mariana Negredo Jorquera, 2025

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     Ensayo interpretativo | Fenómeno Poético




    ¿Qué película te gustaría ver? 

    ¿Qué canción te gustaría oír? 

    Esta noche no tengo a nadie 

    A quien hacerle estas preguntas. 

    Me escribes desde una ciudad que odias 

    A las nueve y media de la noche. 

    Cierto, yo estaba bebiendo, 

    Mientras tú oías Bach y pensabas volar. 

    No creí que iba a recordarte 

    Ni creí que te acordarías de mí. 

    ¿Por qué me escribiste esa carta? 

    Ya no podré ir solo al cine. 

    Es cierto que haremos el amor 

    Y lo haremos como me gusta a mí: 

    Todo un día de persianas cerradas 

    Hasta que tu cuerpo reemplace al sol. 

    Acuérdate que mi signo es Cáncer, 

    Pequeña Acuario, sauce llorón. 

    Leeremos libros de astrología 

    Para inventar nuevas supersticiones. 

    Me escribes que tendremos una casa 

    Aunque yo he perdido tantas casas. 

    Aunque tú piensas tanto en volar 

    Y yo con los amigos tomo demasiado. 

    Pero tú no vuelves de la ciudad que odias 

    Y estás con quien sabe qué malas compañías, 

    Mientras aquí hay tan pocas personas 

    A quien hacerles estas simples preguntas: 

    “¿Qué canción te gustaría oír?, 

    ¿Qué película te gustaría ver? 

    ¿Y con quién te gustaría que soñáramos 

    Después de las nueve y media de la noche?”.

     

    Jorge Teillier 

    Poeta chileno, 1935 - 1996 



    Escribir poesía es tratar constantemente de explicar lo inexplicable. De tomar una foto con un lente que nunca enfoca del todo. De capturar una mariposa de vuelo ávido y errante. 

     

    A pesar de que siempre puede estar sujeta a la interpretación del lector, los poemas poseen una métrica y una estructura que nos permite entender mejor la técnica que delimitó a esa forma para poder contenerla. 

     

    En el poema Carta a Mariana de Jorge Teillier hay un tono que reside profundo, pero se asoma por la superficie, y constituye una muestra representativa de la intimidad y melancolía que este artista suele desplegar en sus obras. Lo hace a través de un tono confesional y lenguaje sencillo, pero logra explorar la nostalgia de un modo diferente. 

     

    Este análisis buscará examinar las dimensiones temáticas, formales y expresivas del poema, hurgando en sus recursos lingüísticos y la manera en que el autor transforma una experiencia personal en una reflexión poética sobre la soledad y la memoria. 

     

    Además, dado que mi signo es acuario y comparto el nombre de la musa, pude conectar con el poema de una manera especial.



    i. Sobre el poema 

    Su tono es privado. Se siente como leer un pensamiento. Y también expresa la nostalgia de un amor distante frente a un hablante poético que está, a su vez, muy solo. 

    Está escrito en forma de carta, y así revela una conversación imposible entre dos seres que, al parecer, nunca más estarán juntos, pues han sido separados tanto por la distancia, como por el tiempo. 

    El hablante, desde su añoranza, se dirige a Mariana. Que es para él una mujer que representa el amor perdido y también la esperanza de volver a conectar. Mediante preguntas simples: “¿Qué película te gustaría ver?, ¿Qué canción te gustaría oír?”, el poema muestra la ausencia cotidiana del otro, e incluso recalca que ya casi no hay a quién hacerle estas preguntas rituales en la vida. 

    El mensaje central puede sentirse como un lamento ante la imposibilidad de recuperar el pasado. El yo poético conserva el recuerdo como la única manera de mantener viva, aunque sea la sombra, de la relación. 

    Esto, pues al desarrollar los versos: “Cierto, yo estaba bebiendo, Mientras tú oías Bach y pensabas volar”, y recalcar “Aunque tú piensas tanto en volar. Y yo con los amigos tomo demasiado”, mezcla una virtud divina con un vicio terrenal, y siembra la idea de aquel puede ser el motivo de su inminente separación. 

     

    Puede hablar también, indirectamente, sobre la idealización del amor, decepcionada. “Pero tú no vuelves de la ciudad que odias”, “ni creí que te acordarías de mí”, manifiesta un contacto estéril, vacío si no hay acción tras las palabras. El hablante protesta ante eso. Y también, expresa un resentimiento: “Y estás con quien sabe qué malas compañías, mientras aquí hay tan pocas personas”, un desvarío auto conclusivo que lo obliga a retroceder al anhelo al final, otra vez. 

     

    En este sentido, Teillier transforma la experiencia amorosa en nostalgia respecto a ese momento. “Cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor” (Manrique, J. 1470). Aquello parece explicar de manera precisa el vaho íntimo de esta obra. Aunque Ernesto Sábato en El túnel, nos indica que esta frase en realidad no quiere decir que antes sucedieran menos cosas malas, sino que la gente tiende a olvidar los eventos negativos del pasado. 

     

    Los temas predominantes en esta obra, entonces, son el amor ausente, la frustración por la soledad, la comunicación truncada y hueca, y la idealización del recuerdo. Recursos usados por Teillier, advierto, para preservar lo íntimo frente a la pérdida y frente a la modernidad.

     


    ii. Sobre cómo dice el poema 

     

    El estilo del escritor en este caso es sencillo, abierto y muy humano. Su forma epistolar refuerza la sensación de proximidad y sinceridad. Como mencioné al principio, el poema parece un diálogo retórico o una conversación privada que el lector interrumpe, o espía. 

     

    Hay presencia de anáforas en las preguntas iniciales y finales, y ellas estructuran el poema como un ciclo, reforzando la idea de que el amor, aun ausente, regresa a la mente. 

     

    Existen varias metáforas como “tu cuerpo reemplace al sol” o “pequeña Acuario, sauce llorón” que entremezclan a Mariana con elementos naturales que representan tanto su atractivo como el elemento vital para el autor. 

     

    Hay también antítesis en la esperanza del reencuentro y la resignación del presente real. “Me escribes que tendremos una casa, cuando yo he perdido tantas casas”. Esta idea refleja varios intentos de lograr lo mismo por parte del yo poético, quizás incluso en situaciones y circunstancias similares, pero de manera fallida.



    iii. Sobre la estructura del poema 

    Su sonoridad carece de una rima fija, lo cual contribuye a un desarrollo de la idea mucho más natural y coloquial. Más cercano. Puede ser semejante al de una conversación nocturna. Las repeticiones marcan un ritmo más bien melancólico, pero acompaña bien el tono reflexivo del hablante. 

    Predominan los sonidos suaves y casi líquidos como “sauce llorón”, “libros de astrología”, “volar” y “hacer el amor”, que refuerzan la sensación de ternura y tristeza, evocando al cosquilleo que se despierta al leer en silencio. 

    En cuanto a la morfología, el poema combina tiempos verbales en presente, pasado y futuro, haciendo así una superposición entre memoria y deseo. Verbos como “acuérdate”, “escribes” y “tendremos” reflejan una tensión entre lo que fue, lo que es, y lo que se imagina. 

    El modo indicativo aporta realismo al poema, mientras que el esporádico uso del imperativo muestra la necesidad emocional del hablante de mantener viva la llama de aquel recuerdo. 

    Y así la sintaxis del poema logra ser fluida, circular y coherente. Con frases que se enlazan de manera natural, de acuerdo con aquella que la antecede, e imitan el flujo de una conversación. Todo el tiempo se maneja la impresión de una mente que está divagando entre recuerdos. El hilo sintáctico, por tanto, se estira desde el deseo al recuerdo, y del recuerdo a la resignación. 


    iii. Sobre a quién lo dice 

    El poema está dirigido explícitamente a Mariana, quien es la destinataria de esta carta. Sin embargo, el receptor parece ser únicamente la memoria del hablante, que está escribiendo para reconstruir un pequeño castillo que de todas formas se va a derrumbar. 

    Se genera la ilusión de un diálogo, pero realmente leemos un monólogo interior. Y así, el lector se convierte en testigo de una intimidad desgarrada, y de un intento desesperado por mantener a flote toda aquella sensación a través del lenguaje. 

    Teillier logra una atmósfera confidencial. Con él, el amor no se experimenta como presencia, sino como eco y estéril persistencia.

    Este poema me conmovió especialmente por su forma de expresar una melancolía serena y sostenida. Logra capturar la esencia de un amor dolido, perdido, pero sin recurrir al dramatismo, sino que se desarrolla desde una ternura doméstica. 

    La sencillez de las preguntas contrasta con la profundidad del sentimiento y lo eleva a la superficie para que podamos verlo. 

    Y lo más llamativo para mí, fue cómo este poema convierte la ausencia en presencia. Al decir que Mariana no está, su recuerdo llena cada verso. Y en esta paradoja, Teillier revela que a veces la poesía es la única manera de seguir amando, aunque no haya nadie del otro lado. 

    La lectura me llevó a concluir que el poder de la palabra no solo es expresivo, sino que igualmente es un refugio. Y así, la escritura puede convertirse en una forma de resistencia tranquila, meditativa y personal contra el olvido. 

    De este modo espero ser percibida alguna vez; y que Teillier, sin conocerme, me estuviera escribiendo a mí tal vez.


    Mariana N. Jorquera

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    Mariana Negredo Estudiante de Literatura

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